La Epifanía de Nuestro Señor
6 Enero, 2017
3º Domingo después de Epifanía
22 Enero, 2017

2º Domingo después de Epifanía

Evangelio: Juan 1:29-42

HE AQUÍ EL CORDERO DE DIOS

Al revisar las dos partes de este pasaje, podemos ver que en la primera recoge el testimonio de Juan el Bautizador, y que su testimonio no deja duda alguna que el enviado de Dios es Jesús. Su testimonio identifica a Jesús como el Cordero De Dios, con una imagen que evoca en Israel su vida cúltica tradicional, una imagen de redención, muerte sustitutoria, pecado, y fe en el perdón de Dios. Juan conoce la identidad secreta de Jesús, y conoce, además, el propósito final de su vida, de su obrar y de su venida.

Jesús ha venido para “quitar los pecados del mundo”. ¿Qué nos intenta decir con tan enigmática frase? Talvez su mensaje es uno que busca relacionar a Jesús con sacrificio, o talvez con alguien que “descubrirá” o “revelará” las intenciones de muchos corazones. Su vida revelará la justicia divina y la injusticia del mundo, porque la humanidad asesinará al Mensajero de su esperanza.

Jesús debió conmoverse y, quizás, chequearse ante las expresiones de su primo que le anuncian muerte, destrucción y conflicto con un mundo violento en exceso y peligrosamente polarizado.

Nosotros y nosotras aún cantamos al Cordero que quita los pecados del mundo y lo hacemos en la liturgia de la cena del Señor. Lo hacemos llenos de esperanza que, en el pan y en el vino, veremos la verdadera identidad de Jesús cuando visite nuestra vida, cuando nos encuentre en el camino en que estamos, y cuando redirija nuestra vida de acuerdo con sus valores y con sus conceptos y acciones.

Es el principio de su ministerio, y ya la sombra de la cruz se levanta sobre su destino.

La Palabra viviente, el Logos hecho humanidad, es el anuncio de la Iglesia desde entonces. Este anuncio es que hay una salida para esta humanidad, que si nosotros y nosotras vivimos sus enseñanzas, podremos ser libres para amar y servir, para realizar nuestra completa humanidad, al descubrirnos como los y las agentes de cambio en un mundo lleno de dudas, desconfianzas, incertezas, abusos y desesperanza. “Yo no creo en la humanidad, me dijo un taxista, creo en mis perros que me entregan amor incondicional”. ¡Qué triste vivir así, sumidos en el cinismo de no confiar en nadie excepto un animalito que tú manejas a tu antojo!

El mensaje de Juan caló hondo en varios de sus seguidores, quienes fueron en busca de Jesús por lo que aquél dijo acerca de éste. Así se constituyó la primera comunidad cristiana y sus primeros discípulos. Uno a uno fueron llegando debido al testimonio de los demás y eso es lo que une a las dos historias de este domingo: el testimonio de fe que ustedes dan, el uso que ustedes hacen de sus redes sociales y de sus conexiones sociales, para dar a conocer a aquel que nos ha dado una razón para servir, amar, dar y recibir amor: Jesús, nuestro Señor. Desde aquel tiempo, el testimonio no se ha detenido, y somos muchos y muchas sus discípulos y discípulas quienes, imbuidos de su amor, no dejamos de creer y luchar por un mundo más humano, en donde todas las criaturas tienen un espacio y dignidad; hasta el perrito Cholito, asesinado a palos por alguien que aún no se ha humanizado lo suficiente.

Este domingo queremos testimoniar que somos esos seguidores y seguidoras, y que no hemos bajado los brazos; no aún, porque creemos que Cristo tiene una respuesta para este mundo, y que no tendrá efecto si no vivimos a la altura de sus enseñanzas y valores: las personas valen más que las leyes y las estructuras abusivas que las sostienen. Dios ama a este mundo y quiere alumbrar sus oscuridades para elevarlo al nivel de su justicia.

De eso participamos todos y todas. Gracias a Dios.

Por Marcelo Huenulef, Pastor.

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