Reconocimiento Ecuménico de nuestro Obispado
1 Junio, 2015
Plantación de un manzano
8 Junio, 2015

2º Domingo después de Pentecostés

Marcos 3,20-35

¡BLASFEMIA!
La blasfemia era común en la vida religiosa del judaísmo, pues se encuentra en la mayoría de la Ley, de los mandamientos. Y Jesús fue acusado de ello, porque decía ser Hijo del Padre (se hacía imagen del Dios viviente), porque decía a las personas que el bien les permitía quebrantar el sábado y que el amor era más que un ritual o un día de la semana; porque les enseñó a vivir su fe en Dios con libertad y no siguiendo preceptos o invenciones de hombres; porque sus interpretaciones de las escrituras eran desafiantes del status quo y de la religión imperante, desafiando lo que se consideraba sagrado y final en su interpretación y aplicación. Jesús fue llamado blasfemo porque se ubicó en las márgenes teológicas de su tiempo y de la tradición, viendo a los libros cuestionadores como su fulcro teológico y, buscando en esos pasajes, respuestas para sus adversarios.Pero, el Señor, claramente, no se sentía aludido por las acusaciones. Al contrario: para él, los blasfemos son otros, y hay una blasfemia que levanta como punto irreconciliable con sus adversarios: la blasfemia contra el Espíritu Santo. Éstos acusaban a Cristo de hacer milagros desde el poder demoníaco. Jesús les dice que esto es imposible, y que una casa dividida no puede permanecer: que si las acciones que él ejecuta son contrarias a la acción diabólica, entonces Satanás se está atacando a sí mismo y su casa, su reino, su poderío, no permanecerá. Es que no reconocer ni alabar al Espíritu de Dios que está liberando, renovando, dignificando, levantando al ser humano del lodo, de la humillación, de la violencia y del odio, nos hace indignos del Reino de Dios.Las críticas y las blasfemias contra Jesús se escuchan en todas partes y su familia las oye. Van a buscar al loco, al hombre que se ha atrevido a desafiar el statu quo. Allí, su madre y sus hermanos se unirán a los blasfemos. Jesús los enfrentará y sólo podemos imaginar el dolor de su corazón ante el rechazo de su propia familia, lo que lo llevará a exclamar: “¿Quiénes son mi madre y mis hermanos? Pues cualquiera que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.” (Mc 3,33-35).Como Jesús, nosotros debemos decidir hoy cómo vamos a vivir nuestra fe y a quienes dejaremos tener autoridad sobre nuestra vida y sobre nuestro modo de pensar. El llamado de Jesús fue a despreciar incluso a su familia cuando no pudieron ver la acción de Dios. Nosotros/as también deberemos luchar contra muchos obstáculos para que nuestra fe sea libre y para que podamos crecer en fe y compromiso con Cristo. Quiera Dios que seamos capaces de honrar al Cristo en nuestra vida, seguirlo y caminar en sus enseñanzas, a pesar de todos los obstáculos que pudiera haber en el camino, y a pesar de las personas que no entiendan ni aprecien nuestra fe, por importantes que sean en nuestra vida. Así sea. Amén.

Por Marcelo Huenulef, Pastor.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *