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3º Domingo después de Epifanía

Evangelio: Mateo 4:12-23

EL LLAMADO DE DIOS: NUESTRO ROL EN EL MUNDO

Este domingo, tercero de Epifanía, leemos un texto acerca del llamado de Dios a sus discípulos y discípulas, así como al contenido de ese llamado; es decir, buscamos que la Epifanía de Dios se manifieste en el reconocimiento del llamado del Señor en cada persona, en cada uno de nosotros y en cada una de nosotras.

Al hablar sobre el llamado de Dios, los protestantes hemos enfatizado que Dios habla en la intimidad de cada persona, para llevarlo o llevarla a emprender su misión en el mundo. Como luteranos, creemos en el sentido más profundo de la vocación, como un llamado que cada persona experimenta al descubrir su lugar y trabajo en este mundo. Este proceso no es una cosa ajena a la vida para nosotros y nosotras, pues, como luteranos, no vemos una separación entre el mundo y nuestra fe, sino todo lo contrario: somos llamados a ser sal y luz en el mundo (“no los saques de este mundo”, ora Jesús). Así, como cristianos y cristianas, debemos descubrir cuál es nuestro rol y cuál es nuestra tarea en esta vida. Será tan diversa como diversos somos los seres humanos. Será tan variada como lo es la vida misma. Pero, en cada cosa que hagamos, buscaremos como cristianos y cristianas que las personas sean valoradas y dignificadas, que la creación de Dios sea cuidada y honrada, y que las personas sean sanadas y sus relaciones mejoradas. Para eso vivió el Cristo entre nosotros, y para eso caminó las calles polvorientas de Galilea: para darnos un ejemplo de cómo hemos de vivir: “Anunciaba la buena noticia y curaba a la gente de sus enfermedades y dolencias”. Puede ser que nuestra tarea no sea tan trascendente en este mundo, puede ser que nuestro oficio no sea el mejor pagado, puede ser que no sea el más popular; pero, si ayuda al reino de Dios, si humaniza, si sana en la conversación y el encuentro humano, estamos en el camino de Cristo. ¿Es así para ti? Tu trabajo, ¿humaniza a la gente? ¿Dignifica a las personas? Si no es así, Jesús nos plantea dejar lo que estamos haciendo y buscar una forma nueva de servicio con él. Hagamos, entonces, como los discípulos; dejemos aquello que nos enferma, deshumaniza y deprime, y emprendamos rumbo con Jesús. Amén, así sea.

Por Marcelo Huenulef, Pastor.

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