4º Domingo de Adviento
18 Diciembre, 2016
La Epifanía de Nuestro Señor
6 Enero, 2017

La Natividad de Nuestro Señor: Nochebuena

Evangelio: Lucas 2:1-14

UNA BUENA NOTICIA, MOTIVO DE ALEGRÍA PARA TODOS

Después de las compras, las ansiedades que llenan los ambientes, los trajines, las aglomeraciones, los gastos, las deudas, el cansancio… ¿Qué deja esta fiesta en nuestro corazón? Tal vez nos hemos reunido como familia, hemos disfrutado una rica comida juntos, nos hemos visto y conversado y reído, y nuestros espíritus se han llenado del cariño de los seres que nos aman y que amamos. Después de todo, decimos que de eso se trata la Navidad, de compartir.

“Si aman a los que los aman, ¿Qué recompensa tendrán? Lo mismo hacen todas las gentes”, dice Jesús. Los círculos de nuestro compartir son siempre de esos cercanos, de los que amamos más y que sentimos que amamos o que, al menos, deberíamos amar o agradecer por algo. La estrechez o amplitud de nuestros círculos denotan cuánto hemos desarrollado nuestra capacidad de amar y de incluir. Nuestro círculo será estrecho si en él siempre están las mismas personas, y si en ese círculo nunca corro el riesgo de incluir a alguien nuevo, no conocido o conocida. Por el contrario, mi círculo será amplio, si en mis relaciones y encuentros, incluyo personas nuevas y si soy capaz de incluirlas en esos círculos de amigos o de familia, especialmente a aquellos que necesitan ser parte de círculos como los míos.

Si miramos detenidamente al nacimiento de Jesús, nos daremos cuenta que Dios está haciendo eso, ampliando el círculo, incluyendo a más y más personas en la buena nueva del nacimiento de su HIJO. De hecho, por eso es buena nueva, porque no nace sólo para cierto grupo, sino para todos y todas. La diversidad de personas que irá a visitarlo será fenomenal. Lucas pondrá a los más pequeños y vulnerables de su sociedad como los primeros en visitarlo: los pastores responderán gozosos a un mensaje angélico y acudirán en su busca. Se sentirán incluidos e invitados por este niño hermoso e irán a rendirle homenaje. Más tarde vendrán reyes, según Mateo, a rendirle honor y majestad a este niño de Dios; vendrán personas de toda estirpe, clase y poder. El niño los convoca, el niño hace sentir a toda persona bienvenida en su presencia. Más tarde, como adulto, Jesús hará lo mismo: empujará los círculos estrechos de nuestros corazones humanos, empujará nuestros muros, derribará nuestros prejuicios y nos hará encontrarnos como hermanos y hermanas. De eso se trata la Navidad: Dios rompe el muro de lo eterno y se hace perenne, rompe el muro de lo divino y se hace humano, rompe lo mortal y se hace mortal… para amarnos, para conocernos, para abrazarnos.

En esta Navidad, sentemos a nuestra mesa a alguien nuevo, a alguien que no ha estado allí antes entre nosotros y nosotras. Invitemos a aquel a quien Cristo invitaría, al migrante, al familiar lejano que no trato tanto, y ¿por qué no? al hombre o mujer en situación de calle. Démonos una oportunidad de ampliar el círculo, de ampliar el corazón y el cariño y, talvez, en esta Navidad ocurra el milagro de que seamos bendecidos con la presencia de Cristo en nuestro medio, en nuestro hogar y en nuestra vida.

Que tengan una feliz Navidad y que el año que se aproxima sea lleno de gratas sorpresas y alegrías. Que Dios nos acompañe hoy y siempre. Amén.

Por Marcelo Huenulef, Pastor.

1 Comment

  1. BobbuBrowne dijo:

    Hello! Cool post, amazing!!!

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