Quiénes Somos

Somos cristianos trinitarios

Creemos que el Dios del amor se ha revelado en Jesucristo y que por la presencia de su Espíritu llama, congrega y equipa a los/las creyentes para anunciarle en palabra y obra en todas las realidades de nuestro mundo. Somos una iglesia o denominación cristiana, profundamente enraizada en los principios que lideraron la reforma de la iglesia del siglo XVI. Somos un movimiento dentro de la iglesia universal cuya misión es recordarle a la iglesia que el amor de Dios en Cristo es la única fuente de salvación, paz y perdón y reconciliación para la humanidad.

Somos personas que asumen su libertad cristiana de conciencia

Nuestra enseñanza básica es que Dios ama a todas las personas con un amor eterno e incondicional y busca entrar en una relación personal con cada uno/a de ellos/as. Los luteranos dejamos a la conciencia y a la discusión teológica todos aquellos temas que la Biblia no enfatiza y aquellos que enfatiza buscamos explicarlos a la luz de la palabra pero en diálogo con la experiencia humana, considerando los efectos que las teologías tienen sobre las vidas de las personas, ya que hay algunas teologías dañinas y perjudiciales para el ser humano.

Somos gente de la gracia

Para muchos, la teología más importante de nuestra iglesia es su entendimiento de la gracia, como el deseo del corazón de Dios de entregar vida en abundancia a toda persona. La gracia es también la huella del creador del universo que notamos en nosotros/as al considerar el diseño de nuestros cuerpos, el misterio dela vida y la belleza de la naturaleza y de la inteligencia humana. Todo lo anterior es testimonio de un Dios de amor que nos busca para vivir en amor.

Somos una iglesia con historia

La reforma cristiana de Martín Lutero comenzó en 1517 y desde allí, como movimiento dentro de la iglesia cristiana, hemos estado recordándole a la iglesia lo central de Cristo como Salvador y Señor del mundo, de todas las personas. Pasando por diversas etapas, la Iglesia Luterana consolidó una teología que busca responder a  los tiempos en que se ha vivido y en que se vive actualmente. Primero fueron las confesiones, tratados en que afirman las creencias fundamentales del protestantismo de ese tiempo. Aún hoy, confesiones como la de Augsburgo, es un documento vital para entender quiénes somos a través del mundo. En Latinoamérica, nuestra iglesia ha respondido a la realidad social a través de una acción social importante y a través de estimular el pensamiento teológico que reflexiona acerca de la vida en su totalidad, en sus esferas político-sociales y también en las espirituales o de la fe. En Chile, hemos sufrido dolorosas experiencias como iglesia, producto de diferencias en relación con esas realidades socio-políticas. En 1974 nos dividimos en dos sínodos, pero ahora, este próximo año, volveremos a ser una sola iglesia en Chile, dando testimonio con ello que los cristianos pueden unirse a pesar de sus diferencias.

Somos ecuménicos

A diferencia de otros credos que siempre enfatizan el error de los demás, los luteranos dialogamos con cualquier grupo que desee hacerlo, sobre las bases del respeto mutuo y la tolerancia. Sostenemos diálogos con diversas iglesias y confesiones de fe, que nos ayudan a recordar que la verdad es una persona y no la suma de unos postulados teológicos filosóficos. Creemos que Cristo como persona es la verdad encarnada de Dios y como tal, nadie posee a la verdad sino más bien, la verdad nos busca y se relaciona con nosotros de manera dinámica: a nivel comunitario y a nivel individual o personal.

Somos católicos y evangélicos a la vez

La catolicidad de la iglesia es una de las características de los creyentes, no de una organización humana específica. La iglesia es universal y además es expresión de las culturas y realidades humanas diversas. Los luteranos mantenemos nuestro culto o misa como una expresión de la iglesia histórica y buscamos a través de esta expresión litúrgica, que las personas se sientan libres, conectadas a la historia de la iglesia universal y siempre recordando nuestros orígenes en Jesús y en los primeros cristianos de Palestina y Antioquía. También somos evangélicos porque reconocemos que el evangelio de Jesucristo nos mueve, cuestiona, renueva y bendice. Somos el resultado del evangelio y de su predicación, por lo cual, es el centro de nuestra fe en nuestra liturgia y práctica.  Por todo lo anterior, los sacramentos bíblicos del bautismo y la Santa Cena o Eucaristía, son centrales en nuestra práctica y los celebramos continuamente (especialmente la Santa Cena) y en el caso del bautismo, diariamente, porque cada día debemos revestirnos de Cristo y de la nueva vida a que nos llama el Señor a través del agua y del Espíritu.