Los primeros luteranos en Chile.

El origen de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile, no se debe a iniciativas misioneras, sino a la inmigración. A mediados del siglo XIX, el Gobierno de Chile, deseoso de colonizar el sur del país, despojó a los mapuches de sus tierras, y las reasignó a gentes que le aseguraban una mayor productividad de éstas.

En un principio, el objetivo era traer alemanes católicos. Pero, sus obispos les persuadieron para no viajar a un país tan lejano. No obstante, como el gobierno estaba empecinado en traer alemanes, en ese momento, se ideó una alternativa, la cual consistió en invitar a alemanes protestantes.

A poco andar, los alemanes evangélicos sintieron la necesidad de formar comunidades para celebrar y practicar su fe cristiana. En esos tiempos, la fe oficial del Estado de Chile era la católica-romana, por lo que inicialmente tuvieron problemas para reunirse a celebrar cultos. A pesar de lo anterior, el gobierno autorizó sus prácticas, siempre y cuando se hiciera de manera muy privada, a fin de evitar el “la propagación de las herejías entre los chilenos”.

La medida de excepción tomada por el Gobierno de Chile, favoreció la constitución de las primeras comunidades luteranas en Chile, de origen alemán, en el sur del país: Osorno (1863), Puerto Montt (1863), Valdivia (1886), Llanquihue (1883), La Frontera: Victoria y Temuco (1902), Concepción-Los Ángeles-Contulmo (1904); Y, en la zona central, Valparaíso (1867) y Santiago (1886).

Comienzo del trabajo en lengua castellana en la Iglesia Evangélica Luterana en Chile.

Por más de 100 años, los cultos evangélicos luteranos se celebraron sólo en idioma alemán. Todos los pastores venían de Alemania, y todas las comunidades tenían lazos directos con una similar de aquel país. En aquellos tiempos, no se establecieron relaciones de confraternidad importantes entre las comunidades, a excepción de algunas conferencias pastorales poco concurridas y celebradas con cierta irregularidad.

En la década de 1960, la iglesia tomó conciencia del peligro al que se enfrentaba trabajando solamente en idioma alemán. Si continuaba así, disminuiría rápidamente la feligresía debido a que los más jóvenes, descendientes de alemanes tanto nacidos en Alemania como en Chile, preferían el uso de la lengua castellana en desmedro de la de sus antepasados. Por esto, a finales del año 1961, se iniciaron conversaciones entre el Presidente de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile, IELCH (en ese entonces, el Pastor Friedrich Karle), y la Junta de Misiones de la Iglesia Luterana en América (BWM/LCA), con el fin de analizar las posibilidades de pactar un convenio que incluyera el envío de misioneros a trabajar en la IELCH, pero en lengua castellana. Al mismo tiempo, a partir de 1964, se dispuso que los pastores procedentes de Alemania que no hablaran el castellano, aprendieran el idioma antes de iniciar su trabajo en nuestro país. No obstante, el objetivo de estas propuestas y medidas no era alcanzar a los chilenos no luteranos, sino a los luteranos que no hablaban alemán.

Celebración de los primeros cultos luteranos en lengua castellana, en Ñuñoa.

En la comuna de Ñuñoa, ubicada en el sector oriente de la ciudad de Santiago, la Iglesia El Redentor había iniciado la construcción de un Templo, en la intersección de las calles Dublé Almeyda y Juan Enrique Concha. Este Templo, finalizado el año 1956, existe todavía. No obstante, la labor evangelizadora estaba enfocada en los luteranos de habla alemana, dando origen a la Christuskirche, Iglesia de Cristo.

Derivado de los distintos informes acerca de las diferentes comunidades luteranas del país, surgió la necesidad de iniciar trabajos en habla castellana. Así, habrá que esperar hasta el año 1962, cuando el Pastor José Kadicsfalvy, que atendía a una comunidad de habla húngara, comenzó a predicaren lengua castellana. Este el origen de nuestra Iglesia La Trinidad, en el seno de la Iglesia El Redentor y la Iglesia de Cristo.

La comunidad de habla castellana quiere ser independiente…

En 1966, el 9 de octubre, la comunidad de lengua castellana, que ya en ese entonces contaba con un grupo considerable de personas, firmó un manifiesto en el que expresan: “Nosotros, los que abajo firmamos, creyendo en el Señor Jesucristo como nuestro Salvador y deseando tener en nuestra comunidad (sic) donde podamos junto a nuestros hijos dar gracias a Dios. Con esto pedimos a la Iglesia Evangélica Luterana en Chile que permita organizarnos en un grupo de habla castellana. Si esta solicitud es aceptada, nos comprometemos a prepararnos diligentemente la clase de adultos, para ser miembros cuando la congregación sea formalmente organizada. Como tales, prometemos apoyar al grupo en su avance aquí y en las misiones…” (Schaller, 2008a, pp.6).

Este manifiesto, firmado por 53 personas, puede ser comprendido como la declaración pública de la comunidad, de la intención de organizarse como tal, y de continuar su misión bajo una identidad propia, aspecto que se refleja hasta el día de hoy.

Organización de la Iglesia La Trinidad, primera comunidad luterana de habla castellana en Chile.

En el año 1968, en el Sínodo celebrado en la ciudad de Concepción, se aceptó la solicitud constitución como comunidad autónoma, del grupo de habla castellana de Ñuñoa. Así, pasó a formar parte como miembro regular de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile.

Posteriormente, el 23 de marzo del año 1969, se celebró una Asamblea General, en la cual se constituyó legalmente la “Iglesia Evangélica Luterana – Congregación La Trinidad”. Meses más tarde, la comunidad obtuvo la Personalidad Jurídica, llegando a ser miembro con derecho a voz y voto de la Iglesia Evangélica Luterana en Chile y participando por primera vez en esa nueva calidad en el Sínodo de Valdivia, del año 1970.

Por último, cabe señalar que durante el tiempo que comprendió el inicio de los trabajos de evangelización en lengua castellana, y su constitución, la Congregación La Trinidad no contó con un Templo propio para realizar sus actividades, sino que utilizó las dependencias de la Iglesia de Cristo, parte de la Iglesia El Redentor (ambas de habla alemana). No obstante, esta última congregación, con ocasión del Sínodo celebrado en la ciudad de Santiago, en 1972, donó la propiedad del Templo de la Iglesia de Cristo y de la casa pastoral a la nueva congregación.

La Trinidad y el desafío de la autosustentabilidad.

Tal como en la mayoría de las comunidades chilenas, la sustentabilidad era un tema difícil de resolver para La Trinidad. Sin embargo, en sus inicios, se destacó como una comunidad en la que no existía una suma mínima de contribución para solventar la iglesia o por sus servicios. Los miembros (140 en total) aportaban motivados por el mandamiento de las primeras comunidades cristianas, donde se esperaba que cada uno diera a su iglesia una parte de sus tesoros, ya sea en dinero, en tiempo o en acciones que involucraran el ofrecimiento de los talentos personales. Así, en este sentido, se observaba que el promedio de contribución por miembro era alto, a pesar de que la comunidad estaba compuesta mayoritariamente por personas de recursos limitados.

De acuerdo a Junge (1973), esto es comprensible, principalmente, debido a que esta pequeña comunidad (pequeña para aquellos tiempos) “es muy leal a su iglesia”. Los hermanos no asisten solamente a los cultos, sino también se preocupan por el sostenimiento económico de la comunidad. “El número personas que asisten a los servicios de la iglesia, medido con la cantidad de miembros que posee, es envidiablemente alta en comparación con otras comunidades. En otras palabras, allí se es, en todos los sentidos, parte de la iglesia”.

Con respecto a la vida comunitaria, el mismo autor (Junge, 1973) agrega: “cuando la comunidad se reúne una vez al mes para celebrar la Santa Cena, se destaca el hecho de que después se congrega la casi totalidad de los miembros para un sencillo almuerzo en la casa comunal. Este centro estaba ubicado a muy corta distancia de la iglesia de Cristo, en una casa particular, donde también se celebraban Servicios Religiosos para niños y se reunía el grupo femenino. Y sobre todo porque todas las personas de esta Congregación entraban y salían libremente y se sentían como en su propia casa. Esto es una gran ventaja ya que fomenta el contacto humano entre los miembros de la comunidad”. Así, desde el primer momento La Trinidad se impuso la tarea de llegar al público y se abocó con especial ahínco a esta tarea. “Los programas radiales que se transmiten en conjunto con El Buen Pastor (otra congregación luterana de aquellos tiempos) bajo el título “UN ENCUENTRO CON DIOS”, todos los domingos a las 9 de la mañana por Radio Nueva Carrera CB 96, son una buena iniciativa”.

En la actualidad, la congregación se sustenta principalmente gracias a los aportes de sus miembros. Los aportes pueden ser definidos como aportes en dinero y aporte en dones. Aportes en dones significa que las personas ofrecen sus talentos a la iglesia, animando sus actividades y dando vida a la comunidad (por ejemplo, ofrecer los servicios personales en tanto son pertinentes al quehacer de la iglesia: contabilidad, aseo, música, voluntad para realizar trámites y compras, etc.). Esto, en muchos casos, no excluye el aporte en dinero. Sin embargo, ha sido una forma de re-comprender la mayordomía.

Bibliografía.

Junge, H. (1973). En la senda. Una breve crónica 1863-1973. Iglesia Evangélica Luterana en Chile. Disponible en: http://ielch.cl/v2/wp-content/uploads/2012/06/En-la-Senda.-HANS-JUNGE.pdf [Fecha de consulta: 05 Mayo 2015].

Schaller, S. (2008). Breve reseña histórica de los luteranos en Chile (Iglesia Evangélica Luterana en Chile e Iglesia Luterana en Chile). Manuscrito no publicado.